El prestigioso profesor de neurología en la Southern California University, Antonio Damasio, comenta en uno sus escritos , sobre una investigación que llevó a cabo un científico en el Hospital de Sâlpetière de París, Yves Agid: estaba tratando a algunos pacientes que padecían de mal de parkinson, utilizando electrodos para activar algunos circuitos neuronales. Mientras examinaban a un paciente, un electrodo afectó a una parte del cerebro y la persona cayó en un estado de profunda tristeza. Luego, como contrapartida, ocurrió algo similar, pero esta vez el paciente experimentó un estado de gran alegría.
¿Realmente tienen los neurólogos la capacidad de provocar tristeza o alegría en las personas?
El profesor Damasio asegura que realmente existe esa posibilidad, pero no debemos pensar en ello como algo aterrador, sino de una manera positiva; por ejemplo pensar en las posibilidades que tiene una persona que ha caído en una profunda depresión y que no responda a la medicación habitual, podría tratarse entonces con estas terapias mediante la estimulación eléctrica de una parte concreta del cerebro. Sin duda se podría ayudar mucho a esa persona.
Será la sociedad quien deba asegurar el uso correcto de estos avances científicos y tecnológicos, de tal manera que contribuyan al bien del ser humano y no en su detrimento.
¿Realmente tienen los neurólogos la capacidad de provocar tristeza o alegría en las personas?
El profesor Damasio asegura que realmente existe esa posibilidad, pero no debemos pensar en ello como algo aterrador, sino de una manera positiva; por ejemplo pensar en las posibilidades que tiene una persona que ha caído en una profunda depresión y que no responda a la medicación habitual, podría tratarse entonces con estas terapias mediante la estimulación eléctrica de una parte concreta del cerebro. Sin duda se podría ayudar mucho a esa persona.
Será la sociedad quien deba asegurar el uso correcto de estos avances científicos y tecnológicos, de tal manera que contribuyan al bien del ser humano y no en su detrimento.