¿QUIEN NOS CONTROLA?

Un interesantísimo experimento fue publicado en 1983 por el neurólogo estadounidense Benjamín Libet y sus colaboradores.

El mismo consistía sencillamente en que cada participante debía levantar un dedo cada vez que tuvieran ganas de hacerlo. Al mismo tiempo se medía la actividad cerebral por medio de un EEG (electroencefalograma)
Se les pidió a los voluntarios que dijeran (verbalmente) cuando tenían ganas de levantar el dedo. Las ganas de alzar el dedo se sentían unos 200 ms (milisegundos) antes de que el dedo se levantara realmente.
Pero lo clave del experimento que causó mayor sorpresa fue que el cambio en la actividad cerebral se producía unos 500ms antes. Así las cosas, la actividad cerebral que indicaba que el voluntario estaba a punto de alzar el dedo tenía lugar unos 300 ms antes de que aquel manifestara su voluntad de hacerlo.

Las conclusiones de la observación son que, al medir la actividad cerebral de una persona, uno puede saber que esta tiene ganas de realizar una acción (levantar el dedo) antes de saberlo ella.

La revelación de este hecho tuvo un gran impacto, ya que parecía demostrar que incluso nuestras acciones más sencillas están predeterminadas. Creemos que tomamos una decisión, cuando de hecho el cerebro ya la ha tomado con anterioridad.

Pero: ¿en realidad dicho experimento demuestra que no tenemos libre albedrío?

Según los investigadores, si bien a raíz de este experimento quedó demostrado que en el momento en que pensamos que estamos decidiendo una acción (levantar el dedo) en realidad nuestro cerebro ya la había tomado anteriormente; esto no significa de ninguna manera que la decisión no haya sido resuelta libremente, sino tan solo que en ese momento anterior no éramos conscientes de estar tomando la decisión.

Da que pensar no?