MEMORIA Y RECUERDOS

La memoria propia o ajena, el recuerdo real o ficticio puede ser recreado, rescatado e incluso reinterpretado. En clave dramática, humorística o sentimental pero también introduciendo sutiles dosis de irrealidad que, paradójicamente, contribuyen ocasionalmente a fijar los parámetros que rigen nuestras vidas.

Inolvidable
Visitar el propio pasado y experimentarlo de nuevo es un anhelo que muchos quisieran ver materializado. Y más aún si al revivirlo se pudieran modificar determinadas decisiones. Tan imposible pero sugestivo fenómeno es el que surge inesperadamente ante el protagonista de 'Inolvidable', último trabajo de Alex Robinson publicado por Astiberri.
El día que Andy Wicks decidió someterse a una terapia de hipnosis para dejar de fumar, poco podía imaginar que se iba a retrotraer a los días de su adolescencia en el Instituto. ¿Ilusión o realidad? El personaje comprueba que mantiene su memoria de adulto en el cuerpo de un niño y decide vivir con nuevos ojos esa época maravillosa y terrible, plagada de incertidumbres, que servirá para determinar el rumbo de su vida futura.

El autor de 'Malas ventas' y 'Estafados' (obra por la que recibió los premios Ignatz y Harvey) demuestra ser una vez más un experto en relaciones humanas al describir con su dibujo, claro y directo, la peripecia emocional del protagonista en tan insólita coyuntura. Andy revive las indecisiones, contradicciones y errores de su yo juvenil desde la perspectiva de su experiencia adulta; las complicadas relaciones con sus amigos, con el misterioso sexo femenino y, sobre todo, con su padre a punto de fallecer. La posibilidad de cambiar el pasado ofrece inesperadas opciones y la duda persiste en el ánimo del protagonista a la hora de tomar la decisión correcta calculando el alcance de sus repercusiones.
Unos días, una experiencia y una obra ciertamente inolvidables.

La guerra de Alan
A pesar de lo que pueda sugerir el título, no hay una escena bélica en esta obra. No la hubo en las dos primeras partes, donde el soldado Alan Ingram Cope rememoraba su experiencia durante la II Guerra Mundial y menos aún en el presente libro, cuyos hechos transcurren al término del conflicto armado. Ponent Mon publica desde el principio esta obra, cuya trascripción visual corre a cargo de Emmanuel Guibert, el dibujante de la multipremiada 'El fotógrafo'.

Se puede hablar aquí con propiedad de 'novela gráfica', en tanto que predomina el factor literario como soporte de la narración. Las imágenes que lo acompañan materializan los recuerdos del propio Alan en base a la documentación obtenida por el dibujante pero, sobre todo, a las descripciones y el material gráfico aportado por el protagonista.
El argumento de este tercer libro actúa casi como un epílogo de la 'guerra' propiamente dicha. Si esta fue realmente una vivencia de juventud, un asombrado aprendizaje vital, la posguerra marca el inicio de la madurez; el protagonista titubea, deambula por Europa y debe tomar decisiones. Abandona el ejército, regresa a Estados Unidos y acumula experiencias antes de encauzar definitivamente el rumbo de su propia vida, extendiéndose las ramificaciones del relato prácticamente hasta el presente, cumplidos ya los sesenta.
Empleando un tono sepia y un dibujo sobrio y un tanto aséptico, casi documental, Guibert desarrolla esta guerra particular del protagonista: la batalla por la superación personal y la lucha por mantener intacto el poder de la voluntad frente a las adversidades más imprevisibles.

La montaña mágica
Ponent Mon también es responsable del último trabajo de Jiro Taniguchi publicado en España. 'La montaña mágica' es un manga editado en forma de álbum europeo, con el sentido de lectura occidental y en color. Al igual que hiciera en imprescindibles obras como 'El almanaque de mi padre' y 'Barrio lejano', el maestro japonés acude una vez más a la energía que proporciona la memoria y la evocación del ayer. Concretamente, a su propia infancia, al pueblo de Tottori donde transcurrieron sus primeros y más felices años de vida. Tomando datos concretos de aquella realidad construye la ficción a su medida, una maravillosa fábula sobre la inocencia y el poder de la convicción como valores puros.

La montaña que da título a la obra existió realmente, perforada por innumerables túneles sobre los que la imaginación popular construía misteriosas leyendas. El niño protagonista también tiene miedo de adentrarse en ellos pero no dudará en emprender una increíble aventura, acompañado por su hermana pequeña, con el fin de salvar a la salamandra mágica encerrada en el museo y preservar el espíritu de la montaña.
Taniguchi construye una fluida narración basada en la serenidad y el equilibrio, con un dibujo claro, minucioso y elegante. El estilo costumbrista y la cuidadosa recreación de una etapa vital son esenciales, así como la importancia de los detalles y, como de costumbre, el protagonismo de los espacios naturales, siempre en armonía con la fuerza interior del protagonista.

El arte de criar malvas
A pesar de su variado trabajo, sin duda lo que Ramón Boldú hace mejor es narrar lo que conoce directamente: una serie de anécdotas disparatadas, escandalosas y delirantes acaecidas durante las últimas décadas. Es decir, contar su propia vida. Ya lo hizo durante los años 90 en los álbumes 'Bohemio pero abstemio' y 'Memorias de un hombre de segunda mano' y lo repite ahora con el volumen editado por Astiberri que lleva por título 'El arte de criar malvas'.

Lejos de cualquier análisis sociológico o del tono introspectivo que acostumbran a caracterizar el género autobiográfico, Boldú se inclina por el más puro costumbrismo. Por el humor desgarrado y un tipo de comedia de situación cercano a la picaresca en las increíbles peripecias laborales, sentimentales y, sobre todo, sexuales que protagoniza.
Con un estilo de dibujo caricaturesco y funcional, casi feísta, describe todo tipo de situaciones y personajes con absoluto desparpajo y una carencia de pudor absoluta.
Amigos, amantes y ex amantes, parientes, jefes, hijos o padres. Todos aparecen en la plenitud de sus patéticas vidas, empezando por el propio Boldú, que se autorretrata sin ningún problema como un individuo egoísta, perezoso, cobarde y adicto al sexo. Todo un hilarante y encantador ejemplo a seguir.

Fuente: eldiariomontanes.es