Intentaremos no entrar aquí en las polémicas existentes a propósito de la definición de consciencia. Recordaremos entonces, que consciencia es un término procedente del latín "conscientia" -propiedad del espíritu de reconocerse como sujeto de sus atributos-, y que designa un conocimiento ("scientia") que acompaña ("con") nuestras impresiones y nuestras acciones.
San Agustín escribía; "Scio me scire" (digo que soy consciente porque soy) o también; "Scio me agere" (digo que soy consciente porque sé que actúo). Existe, pues, una dualidad en la noción de conocimiento; conocimiento a través de nuestras impresiones y conocimiento a través de nuestros actos. La consciencia puede igualmente ser estudiada desde un punto de vista psicofilosófico y, naturalmente, desde un punto de vista neurofisiológico.
Mientras los neurofisiólogos consideran la consciencia como una sucesión de niveles de vigilancia, los filósofos, en su mayoría, han establecido una separación entre la esfera consciente y la inconsciente,
El punto de vista psico-filosófico
En el plano psicofilosófico, se centrará la atención sobre todo en el aspecto subjetivo, es decir, introspectivo. Se estudia esencialmente la consciencia como consciencia de sí, o también como consciencia de (lo que pasa dentro de nosotros mismos)
Para Descartes (1596-1650), el Cogito ergo sum -"Pienso, luego existo"- es el primer principio de la filosofía, la certeza primaria que permite al hombre afirmar su existencia: el hombre es consciente, y no existe sino porque es consciente. La esencia del hombre es, pues, la consciencia.
Para Nicolás Malebranche (1638-1715), filósofo y teólogo francés, el espíritu no tiene relación con el cuerpo, al que no obstante se halla unido. El espíritu además posee la facultad de conocer los objetos a través del entendimiento puro, sin necesidad de formar imágenes corporales.
Para Franz Brentano (1838-1917), filósofo y psicólogo alemán, lo que hace difícil una definición de la consciencia es la pugna de palabras y la pobreza de vocabulario.De ahí que, según él, sería preferible reservar el término de consciencia para el fenómeno psíquico o acto psíquico. Pero con esta toma de posición, si consciencia y fenómeno psíquico son una misma realidad, ¿cómo será posible la existencia del inconsciente?
Para el filósofo francés Henri Bergson(1859-1941), en el campo psicológico, la consciencia no sería sinónimo de existencia, sino sólo de acción real o de eficacia inmediata; y, una vez así limitada la extensión de este término, habría menos dificultad en representarse un estado inconsciente, es decir, en definitiva, impotente, sin acción. La consciencia se orienta esencialmente hacia la especulación.
Para el psicólogo y neurólogo Pierre Janet (1859-1947), la consciencia es una síntesis activa que tiene por objeto la función de lo real; a su juicio, dos términos son obligatoriamente complementarios: variedad de los estados de consciencia y unidad de la consciencia. La consciencia, para subsistir, debería agrupar en todo momento las percepciones, que nacerían por una asimilación continua de las sensaciones, los recuerdos y las ideas.
Para el filósofo Merleau-Ponty (1908-1961), la consciencia es una red de intenciones significativas, unas veces claras por sí mismas, y otras, al contrario, vividas más que conocidas. Es, pues, imposible distinguir como elementos separables el fin y los medios.
Para Henri Ey, la consciencia puede ser descrita como la organización misma de la vida de relación que vincula al sujeto con los demás y con su mundo
Para Jean-Paul Sartre, existen dos modos de ser de la consciencia en sus relaciones con el mundo: uno consiste en que la consciencia considera al mundo como un conjunto organizado de objetos (utensilios) que relaciona unos con otros la consciencia "cotidiana"; el otro, contrario al primero, consiste en que la consciencia hace desaparecer ese mundo de utensilios y lo reemplaza por un mundo "mágico", el de la emoción, que no es una cualidad o propiedad de la consciencia, sino la consciencia misma.
El punto de vista neurofísiológico
En el plano neurofisiológico ya no se utiliza el concepto de consciencia. En efecto, el neurofisiólogo estudia las modificaciones del organismo en función de nuestro estado de consciencia del mundo que nos rodea y de lo que ocurre en nosotros mismos. Sólo conoce la resultante fisiológica o neurologíca de los fenómenos, que algunos denominan "consciencia". Por eso el neurofisiólogo emplea el término de vigilancia como sinónimo de consciencia. La vigilia o vigilancia se subdivide en niveles cuantitativa y cualitativamente diferentes: vigilia, sopor, letargo, coma.
Esta vigilancia comporta, paradójicamente, el sueño. Se dice a menudo que ocupamos en dormir la tercera parte de nuestra vida: sería más exacto decir que la pasamos soñando. Pero entonces estamos en acción, por lo que Henri Ey ha podido decir que "el sueño no es un vacío".
La vigilancia es, por lo demás, condicionada: el aprendizaje, la formación de conceptos, el comportamiento adaptado o no, suponen siempre un estado de vigilancia.
San Agustín escribía; "Scio me scire" (digo que soy consciente porque soy) o también; "Scio me agere" (digo que soy consciente porque sé que actúo). Existe, pues, una dualidad en la noción de conocimiento; conocimiento a través de nuestras impresiones y conocimiento a través de nuestros actos. La consciencia puede igualmente ser estudiada desde un punto de vista psicofilosófico y, naturalmente, desde un punto de vista neurofisiológico.
Mientras los neurofisiólogos consideran la consciencia como una sucesión de niveles de vigilancia, los filósofos, en su mayoría, han establecido una separación entre la esfera consciente y la inconsciente,
El punto de vista psico-filosófico
En el plano psicofilosófico, se centrará la atención sobre todo en el aspecto subjetivo, es decir, introspectivo. Se estudia esencialmente la consciencia como consciencia de sí, o también como consciencia de (lo que pasa dentro de nosotros mismos)
Para Descartes (1596-1650), el Cogito ergo sum -"Pienso, luego existo"- es el primer principio de la filosofía, la certeza primaria que permite al hombre afirmar su existencia: el hombre es consciente, y no existe sino porque es consciente. La esencia del hombre es, pues, la consciencia.
Para Nicolás Malebranche (1638-1715), filósofo y teólogo francés, el espíritu no tiene relación con el cuerpo, al que no obstante se halla unido. El espíritu además posee la facultad de conocer los objetos a través del entendimiento puro, sin necesidad de formar imágenes corporales.
Para Franz Brentano (1838-1917), filósofo y psicólogo alemán, lo que hace difícil una definición de la consciencia es la pugna de palabras y la pobreza de vocabulario.De ahí que, según él, sería preferible reservar el término de consciencia para el fenómeno psíquico o acto psíquico. Pero con esta toma de posición, si consciencia y fenómeno psíquico son una misma realidad, ¿cómo será posible la existencia del inconsciente?
Para el filósofo francés Henri Bergson(1859-1941), en el campo psicológico, la consciencia no sería sinónimo de existencia, sino sólo de acción real o de eficacia inmediata; y, una vez así limitada la extensión de este término, habría menos dificultad en representarse un estado inconsciente, es decir, en definitiva, impotente, sin acción. La consciencia se orienta esencialmente hacia la especulación.
Para el psicólogo y neurólogo Pierre Janet (1859-1947), la consciencia es una síntesis activa que tiene por objeto la función de lo real; a su juicio, dos términos son obligatoriamente complementarios: variedad de los estados de consciencia y unidad de la consciencia. La consciencia, para subsistir, debería agrupar en todo momento las percepciones, que nacerían por una asimilación continua de las sensaciones, los recuerdos y las ideas.
Para el filósofo Merleau-Ponty (1908-1961), la consciencia es una red de intenciones significativas, unas veces claras por sí mismas, y otras, al contrario, vividas más que conocidas. Es, pues, imposible distinguir como elementos separables el fin y los medios.
Para Henri Ey, la consciencia puede ser descrita como la organización misma de la vida de relación que vincula al sujeto con los demás y con su mundo
Para Jean-Paul Sartre, existen dos modos de ser de la consciencia en sus relaciones con el mundo: uno consiste en que la consciencia considera al mundo como un conjunto organizado de objetos (utensilios) que relaciona unos con otros la consciencia "cotidiana"; el otro, contrario al primero, consiste en que la consciencia hace desaparecer ese mundo de utensilios y lo reemplaza por un mundo "mágico", el de la emoción, que no es una cualidad o propiedad de la consciencia, sino la consciencia misma.
Aunque el sofrólogo Caycedo ve el inconsciente como un callejón sin salida, considerándolo como algo muy discutido y capaz por ello de levantar polémicas, recordemos no obstante que para los psicoanalistas la esfera consciente sólo interesa en la medida en que permite, justamente, tomar conciencia del inconsciente.
El doctor Cahen, psicoanalista, sofrólogo y traductor de numerosas obras de Jung, intenta hacer la síntesis entre las distintas investigaciones sobre el inconsciente y la sofrología. Concretamente ha elaborado una técnica de sofronización de grupo que permite la eclosión del inconsciente reprimido.
El doctor Cahen, psicoanalista, sofrólogo y traductor de numerosas obras de Jung, intenta hacer la síntesis entre las distintas investigaciones sobre el inconsciente y la sofrología. Concretamente ha elaborado una técnica de sofronización de grupo que permite la eclosión del inconsciente reprimido.
El punto de vista neurofísiológico
En el plano neurofisiológico ya no se utiliza el concepto de consciencia. En efecto, el neurofisiólogo estudia las modificaciones del organismo en función de nuestro estado de consciencia del mundo que nos rodea y de lo que ocurre en nosotros mismos. Sólo conoce la resultante fisiológica o neurologíca de los fenómenos, que algunos denominan "consciencia". Por eso el neurofisiólogo emplea el término de vigilancia como sinónimo de consciencia. La vigilia o vigilancia se subdivide en niveles cuantitativa y cualitativamente diferentes: vigilia, sopor, letargo, coma.
Esta vigilancia comporta, paradójicamente, el sueño. Se dice a menudo que ocupamos en dormir la tercera parte de nuestra vida: sería más exacto decir que la pasamos soñando. Pero entonces estamos en acción, por lo que Henri Ey ha podido decir que "el sueño no es un vacío".
La vigilancia es, por lo demás, condicionada: el aprendizaje, la formación de conceptos, el comportamiento adaptado o no, suponen siempre un estado de vigilancia.
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