Todas las personas tienen un niño dentro, pero muchas veces las emociones y los sentimientos que despiertan se reprimen sin saber que reencontrarse con la niñez interior permite sanar heridas de la infancia y aprender a escucharse a sí mismo.
Según la psicología humanista (se basa en el área emocional, mental, física y transpersonal) el arquetipo de la niñez interior se relaciona con el ser interno donde nacen los sentimientos, pensamientos y acciones, y si se limita la expresión de la alegría, la tristeza, el odio, el miedo o el afecto no se le permite salir y manifestarse plenamente para el propio bienestar.
De igual forma, el niño o niña interior está también activo cuando se es juguetón, espontáneo, creativo e intuitivo, el experimentar esos estados es lo que se conoce como “ser interno”, el niño habla también a través de sensaciones corporales y reacciona emocionalmente.
“Todas las personas para estar en armonía debemos encontrarnos con esa parte interna porque es la esencia de cada uno. Reencontrarse con la niñez interior permite a la persona saber qué quiere en la vida y sentirse mejor consigo misma”, explicó la psicóloga humanista, Marina Rivera.
Según la especialista, conforme las personas crecen no dejan que el niño de adentro sea libre por lo que de adultos simplemente se siguen normas y se comienza a escuchar lo que está afuera y no el interior de cada uno.
Rivera aseguró que el fin de ese reencuentro con la niñez interior es sacar un espacio en la vida de las personas para conectarse con la emoción que da salud y paz con lo que podrán ser felices y sentirse bien con ellas mismas.
Existen muchas actividades diseñadas para reencontrar y despertar al niño o niña interior y escucharlo; puede hacerse de una forma grupal o individual mediante diversas dinámicas.
Por ejemplo individualmente se pueden hacer meditaciones o visualizaciones donde se encuentra el niño interior y darse el tiempo para escuchar lo que necesita, de forma grupal se realizan actividades que van desde el juego hasta la meditación también.
“Se trabajan con el niño feliz, enojado, con las figuras de autoridad, las voces críticas o el niño vulnerable. Se le pide a la persona que recuerde un lugar favorito que tenía de niño o que lo construya y que ahí se refugie para conectarse con el niño interno”, dijo Rivera.
De manera grupal, las personas pueden decir en voz alta lo que le quisieron decir a alguien (figura de autoridad) que les hizo daño, también gritan o golpean ciertos objetos especiales con el fin de sacar la furia que pueden tener dentro, ya que pudieron haber sufrido abuso, maltrato o abandono.
Existen diferentes tipos de niños internos: el vulnerable, enojado, herido, juguetón o mágico, creativo y espiritual. También alrededor de la niñez interior hay figuras de autoridad0, voces críticas, padres nutricios y padres protectores.
El niño vulnerable que es cuando a pesar de crecer en tamaño, ese pequeño ser sensitivo y frágil nunca desaparece, de adultos se manifiesta cuando la persona se siente necesitada, frágil y sensitiva, también se expresa por medio de síntomas físicos como la fatiga, el dolor y la enfermedad.
Si de niño alguien fue maltratado, criticado, avergonzado o castigado, es natural sentir enojo pero si no se permitió expresar ese enojo es probable que ese niño enojado esté alojado en el ser. Ese enojo que se encuentra enterrado se esconde en el cuerpo, se convierte en una “bomba” que estallará en cualquier momento.
Rivera dijo que el niño herido ha pasado por situaciones muy traumáticas como abuso sexual, por lo cual, tienen grandes heridas internas difíciles de sanar, en este caso, un reencuentro con la niñez podría ser de utilidad para lograr sanarlas o al menos, reducir el dolor.
En el otro extremo está el niño juguetón que es la parte del ser con la que se puede encontrar el gusto por la vida y el amor por las cosas y las personas, a través de elementos simples y sencillos que están alrededor.
Con esta parte, el ser disfruta de las cosas pequeñas de la vida como jugar con una mascota, correr en la playa, jugar en la mesa o hacer deporte, sin embargo, muchas veces se ha olvidado ese ser por estar concentrados solo en escuchar la parte adulta.
El niño espiritual es la esencia que recuerda a las personas ser felices, completas, sentir amor, compasión, en algunas ocasiones se obstaculiza con las preocupaciones banales de la vida cotidiana, pero con atención se puede sentir al mirar un atardecer, oír la lluvia o sentir amor por otros.
“Somos todo eso al mismo tiempo pero debemos aprender a escucharnos a nosotros mismos, a lo que queremos llegar es a ser niños felices”, aseveró la psicóloga.
Fuente: prensalibre.co.cr
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