Podemos observar como en las autopistas se dan cada vez más accidentes inexplicables; vehículos que se salen en plena recta o alcances sin que el coche que va delante haya frenado para nada.
Sobre el papel las autopistas son a priori el marco ideal de la conducción; buen suelo, sin cruces, curvas de radio amplio, sentido único de circulación y calzada ancha. Pero todas estas ventajas pueden llevarnos a una conducción “automática”, donde de forma casi inconsciente se va reduciendo la capacidad de atención y de reacción.
En realidad en los viajes por autopista se producen varias fases. La primera es de un alto nivel de alerta; la entrada en contacto con un nivel de circulación diferente genera un estado de máxima atención. Pero según pasan los kilómetros se produce cierto automatismo y una serie de pérdidas de atención. En esta segunda fase del viaje, el conductor se adormece de forma inconsciente, y pierde capacidad de reacción frente a los imprevistos; es como un autómata al volante. Esta fase se ve rota en ocasiones por recuperaciones temporales de la atención.
La tercera fase llega al acercarnos al punto de destino donde se recuperan los niveles de atención.
Por tanto el máximo peligro está en la fase intermedia - la más larga- del viaje.
Los factores que disminuyen la atención son la recepción repetitiva de los mismos estímulos visuales. auditivos y acústicos . Por el contrario incrementan los niveles de alerta las señales y carteles informativos, los cambios del ritmo de velocidad, los adelantamientos y las variaciones del tipo de asfalto.
En cualquier caso no se debe conducir por autopista más de dos horas seguidas para evitar ese estado de “hipnosis” . Hay que tomarse un rato de descanso para recuperarnos desde un punto de vista físico y psicológico. Y no olvide que si se realizan periodos de conducción por encima de las tres horas se anula la efectividad de estos descansos.
Sobre el papel las autopistas son a priori el marco ideal de la conducción; buen suelo, sin cruces, curvas de radio amplio, sentido único de circulación y calzada ancha. Pero todas estas ventajas pueden llevarnos a una conducción “automática”, donde de forma casi inconsciente se va reduciendo la capacidad de atención y de reacción.
En realidad en los viajes por autopista se producen varias fases. La primera es de un alto nivel de alerta; la entrada en contacto con un nivel de circulación diferente genera un estado de máxima atención. Pero según pasan los kilómetros se produce cierto automatismo y una serie de pérdidas de atención. En esta segunda fase del viaje, el conductor se adormece de forma inconsciente, y pierde capacidad de reacción frente a los imprevistos; es como un autómata al volante. Esta fase se ve rota en ocasiones por recuperaciones temporales de la atención.
La tercera fase llega al acercarnos al punto de destino donde se recuperan los niveles de atención.
Por tanto el máximo peligro está en la fase intermedia - la más larga- del viaje.
Los factores que disminuyen la atención son la recepción repetitiva de los mismos estímulos visuales. auditivos y acústicos . Por el contrario incrementan los niveles de alerta las señales y carteles informativos, los cambios del ritmo de velocidad, los adelantamientos y las variaciones del tipo de asfalto.
En cualquier caso no se debe conducir por autopista más de dos horas seguidas para evitar ese estado de “hipnosis” . Hay que tomarse un rato de descanso para recuperarnos desde un punto de vista físico y psicológico. Y no olvide que si se realizan periodos de conducción por encima de las tres horas se anula la efectividad de estos descansos.
Fuente: nortecastilla.es
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