Curar con hipnosis

Desde finales del siglo 18, cuando el austriaco Franz Mesmer, (de su nombre proviene la palabra: Mesmerismo y el verbo inglés: mesmerize, o hipnotizar), transitaba por las ciudades europeas maravillando a grandes audiencias con espectáculos que demostraban el poder de su “magnetismo animal”, el tema de la hipnosis ha sido motivo de interés para los científicos.

La posibilidad de acceso a los procesos inconscientes mediante la alteración de los estados de alerta cerebral es algo que roza con los fenómenos mágicos o paranormales. De aquí que frecuentemente hayan sido vistos con sospecha por los intelectuales de la ciencia y abandonado a las manos de los artistas de la farándula o de algunos embaucadores que utilizan el sufrimiento humano para su provecho.

Si bien es cierto que mediante la inducción hipnótica pueden lograrse efectos sorprendentes, los cuales a simple vista no parecen tener explicación lógica, no por ello deberían incluirse estos procedimientos dentro de los catálogos de la magia y el esoterismo.

Estudiosos de las ciencias de la conducta han dedicado tiempo y espacio a analizar los efectos de la hipnosis. Los estudios de Freud acerca del comportamiento histérico destacan entre los más conocidos. Sin embargo, quien ha desarrollado con mayor amplitud un sistema eficaz y versátil de trabajo con estas técnicas ha sido el estadounidense Milton Erickson.

Vía de comunicación

Pero, ¿qué es la hipnosis? Concebida desde el punto de vista de Erickson, puede considerarse como una vía de comunicación dirigida a los mecanismos inconscientes que controlan las relaciones del individuo.

El método de Erickson intenta recodificar los significados que las personas dan a su percepción y a sus intercambios con el medio que les rodea para producir cambios positivos en su conducta.
Mediante un sistema de inducción variado y muy creativo, el hipnoterapeuta intenta atravesar las barreras de la resistencia consciente y generar un nuevo esquema de comportamiento con efectos duraderos.

Trances espontáneos

Aún cuando algunas personas alegan ser absolutamente resistentes a la inducción hipnótica, lo cierto es que casi todo el mundo es hipnotizable. De hecho, todos tendemos a hacer durante el día alteraciones de nuestra consciencia para producir lo que se llama “trances espontáneos”.

Antes de dormir; a veces al levantarnos; cuando dejamos vagar la imaginación por lugares donde nos sentimos a gusto; cuando nos encontramos en una charla aburrida, en la cual nos hallamos inmersos contra nuestra voluntad, y en muchos otros momentos de los cuales no nos percatamos conscientemente, podemos estar por breves momentos en trance hipnótico.

No representa peligro alguno

La respuesta a esta pregunta va a depender del grado de responsabilidad que asuma tanto el terapeuta como el sujeto que se somete a la experiencia.

El trance hipnótico no consiste en una pérdida de consciencia total, ni de una anulación de la voluntad del individuo o del grupo objeto de la intervención. Lo que se hace es variar el foco de atención de la consciencia, disminuirlo en ciertas áreas y amplificarlo hacia otras. Esto en ningún momento anula la capacidad del sujeto para oponerse o cuestionar este procedimiento.

Puede decirse sin lugar a dudas, que una inducción hipnótica difícilmente producirá consecuencias negativas o alteraciones graves en la personalidad de quien la recibe.

Casos recomendables

La variedad de campos en los cuales es efectivo el tratamiento hipnótico es muy amplia. Según el área de interés de quien la aplica, el rango puede ir desde inducciones destinadas a vencer ciertos temores, como hablar en público, o colaborar en el tratamiento de comportamientos problemáticos en general, hasta los trances más profundos destinados a ayudar en la curación de enfermedades donde el componente emocional juega un papel relevante.

Afecciones como estrés, migrañas, hipertensión, fibromialgia, el síndrome de fatiga crónica y casi todas las producidas por desbalance inmunológico responden de manera significativa a los mensajes generados en la sesión hipnótica.

Fuente: vanguardia.com.mx