Ya hace más de 3.000 años, el papiro Embers, el pomenorizado tratado médico del antiguo Egipto, describía los 'Templos del Sueño', donde los sacerdotes empleaban distintas técnicas de sugestión con fines curativos en pacientes con sueño inducido. Luego llegó Asclepio el griego y estas prácticas continuaron hasta el siglo XIX, con aquellos galenos que miraban fijamente a los ojos del paciente y pronunciaban las sugestiones que les llevaban a la hipnosis. Así, hasta llegar a este principio del siglo XXI en que la hipnosis presta ya de un modo «normalizado» un papel importante en las prácticas clínicas y, cómo no, en la odontología.
Así lo expuso ayer el doctor Christian Rauch (Ennigenloh, 1962), miembro de la Sociedad Alemana para la Hipnosis Dental, con cerca de 1.000 galenos asociados -Alemania es el país puntero en Europa en estas prácticas-. Rauch dirigió en Donostia el taller 'La Hipnosis como Técnica de Tratamiento del Paciente con Ansiedad, Pánico o Fobias al Tratamiento en Odontología', dentro del IX Congreso Nacional de la Sociedad Española de Odontología para Pacientes Especiales (Seome), que organiza desde ayer y hasta mañana el Colegio de Médicos de Gipuzkoa.
Rauch desarrolla sus técnicas hipnóticas, con absoluta «naturalidad y normalidad. «Esto no es un 'show', es ciencia», e incluye en este apartado de pacientes a todos aquellos que son difíciles de tratar, «que despliegan gran ansiedad y pánico ante consultas odontológicas normales». Considera que estas prácticas hipnóticas «convierten en accesibles a unas personas que sin ser complejas, resultan inabordables».
Asegura que la hipnosis es sencilla de aplicar y se complica algo más con pacientes fóbicos o que se encuentran al límite de ansiedad. «Situar a una persona en trance supone un tiempo entre los 2 y 5 minutos, el mismo que transcurre hasta que la anestesia hace efecto, porque hipnosis no significa renunciar a la anestesia, aunque en algunos casos de intervenciones menores y excepcionales se pudiera prescindir de ésta última», asegura.
Señala que el 90% de la población es susceptible de ser hipnotizada y que el 10% restante son niños muy pequeños de 2 a 3 años y personas mayores con problemas mentales. «La hipnosis no tiene secuelas. Te levantas de la silla del dentista mucho más relajado e incluso esa noche y las siguientes duermes mucho mejor», dice Christian Rauch.
Con la aplicación de la hipnosis el paciente «no siente dolor, ni miedo, ni contrae la musculatura, facilitando el trabajo del odontólogo». Se controlan, además, el impacto de la aguja anestesiante, se maneja el dolor y el sangrado y las sensaciones de náuseas y vómito, se favorece la tolerancia a las prótesis y se controla el bruxismo (apretar los dientes de forma involuntaria).
Otras ventajas de la hipnosis son la reducción de tiempo en la intervención, la reducción del estrés y la mejor adhesión al tratamiento.
Fuente: diariovasco.com
Así lo expuso ayer el doctor Christian Rauch (Ennigenloh, 1962), miembro de la Sociedad Alemana para la Hipnosis Dental, con cerca de 1.000 galenos asociados -Alemania es el país puntero en Europa en estas prácticas-. Rauch dirigió en Donostia el taller 'La Hipnosis como Técnica de Tratamiento del Paciente con Ansiedad, Pánico o Fobias al Tratamiento en Odontología', dentro del IX Congreso Nacional de la Sociedad Española de Odontología para Pacientes Especiales (Seome), que organiza desde ayer y hasta mañana el Colegio de Médicos de Gipuzkoa.
Rauch desarrolla sus técnicas hipnóticas, con absoluta «naturalidad y normalidad. «Esto no es un 'show', es ciencia», e incluye en este apartado de pacientes a todos aquellos que son difíciles de tratar, «que despliegan gran ansiedad y pánico ante consultas odontológicas normales». Considera que estas prácticas hipnóticas «convierten en accesibles a unas personas que sin ser complejas, resultan inabordables».
Asegura que la hipnosis es sencilla de aplicar y se complica algo más con pacientes fóbicos o que se encuentran al límite de ansiedad. «Situar a una persona en trance supone un tiempo entre los 2 y 5 minutos, el mismo que transcurre hasta que la anestesia hace efecto, porque hipnosis no significa renunciar a la anestesia, aunque en algunos casos de intervenciones menores y excepcionales se pudiera prescindir de ésta última», asegura.
Señala que el 90% de la población es susceptible de ser hipnotizada y que el 10% restante son niños muy pequeños de 2 a 3 años y personas mayores con problemas mentales. «La hipnosis no tiene secuelas. Te levantas de la silla del dentista mucho más relajado e incluso esa noche y las siguientes duermes mucho mejor», dice Christian Rauch.
Con la aplicación de la hipnosis el paciente «no siente dolor, ni miedo, ni contrae la musculatura, facilitando el trabajo del odontólogo». Se controlan, además, el impacto de la aguja anestesiante, se maneja el dolor y el sangrado y las sensaciones de náuseas y vómito, se favorece la tolerancia a las prótesis y se controla el bruxismo (apretar los dientes de forma involuntaria).
Otras ventajas de la hipnosis son la reducción de tiempo en la intervención, la reducción del estrés y la mejor adhesión al tratamiento.
Fuente: diariovasco.com
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada