Vampiros psíquicos en las empresas

El término vampiros psíquicos está acuñado por Lillian Glass, en su libro Toxic people (Gente tóxica), para hacer referencia a aquellas personas que, por su baja autoestima y valoración, necesitan extraer, de los otros, su energía, a través de conductas descalificantes. Se sabe que el término “gente tóxica” fue plagiado por un psicólogo pastor evangélico argentino, lo cual se encuentra en manos de la Justicia (Perfil.com).

Estos “vampiros” casi siempre aparecen en las empresas, tratando de sembrar confusión, inseguridad e inestabilidad entre las personas que comparten su trabajo, producto de su egoísmo y de su envidia. Son los famosos “sembradores de cizaña” que acometen contra todo aquello que les saca protagonismo.

Este tipo de personas afirman, siempre, que su actuar se debe a que están atentos a realizar “criticas constructivas” porque llevan puesta la “camiseta de la empresa”. Nada más lejano de esto. Una actitud hipócrita que enmascara otras intenciones: provocar al buen empleado para desgastarlo mediante comportamientos manipuladores.

Suelen romper el ritmo de trabajo y dificultar la comunicación, dando siempre puntos de vista negativos o, lo que es peor, cambiando de parecer continuamente y/o no responsabilizándose de sus propios dichos. Siempre terminan creyéndose sus propias mentiras. Son especialistas en levantar rumores. Practican el sutil arte de que otros se sientan responsables y hasta en deuda con ellos, sin causa alguna.

Así como se los encuentra en todos los niveles de la sociedad, en una empresa, desarrollan su insidia en cualquier departamento. Buscan “asesorar” a otros empleados para crear descontento.

Según Lillian Glass, la fórmula perfecta para desintoxicar las relaciones humanas consiste en “comunicarse para afrontar lo que nos molesta del otro y decirlo sin tapujos”. A veces, no resulta tan fácil, ya que se teme a la posible respuesta vengativa, con la consiguiente perdida del trabajo, si el tóxico ocupa algún puesto jerárquico.

Coincido con la Dra. Glass en que el humor es uno de los mejores antídotos contra estas personas. Relajarse frente a los ataques y desdramatizarlos, dado que estos individuos se alimentan de la negatividad que nace de sus ofensivas.

Un vampiro psíquico puede esparcir su negatividad en un ambiente laboral porque, de alguna manera, los directivos o jefes, ya sea para evitar conflictos o por su debilidad gerencial, se vuelven cómplices de sus acciones.

Detectarlos es fácil, ya que su personalidad los delata. Características tales como las siguientes saltan a la luz: muy susceptibles e hipersensibles a las críticas, intrusivos, invaden la intimidad de los compañeros, egoístas, inestables emocionalmente, dogmáticos, rígidos, malos comunicadores, poco responsables de sus actos desvalorizantes de los subalternos y colaboradores, movilizándolos siempre una ambición personal desmedida. Se podría afirmar que poseen una personalidad de base narcisística.

Lo importante es no dejarse manipular. Ante sus exigencias, en forma cordial, hacerle conocer los límites que impiden efectuar la tarea que ellos imponen. Siempre hay que negociar sus demandas de manera realista. Ya hemos hablado de “expectativas menos realidad igual desdicha”, por lo tanto, de un vampiro psíquico no hay que esperar reconocimiento por un trabajo.

Se debe tener en claro que son individuos peligrosos para la salud psíquica emocional y física. Dentro de una empresa, se hace difícil mantenerse alejados, pero sí se pueden cubrir todos los flancos para que sus acciones no terminen deteriorando y socavando la buena voluntad de las personas y generando una ansiedad que hace imposible un clima de trabajo eficiente.

Según la Dra. Lillian Glass, el origen de estas conductas es “debido a los celos y su concomitante envidia", y aconseja actuar como si se fuera un espejo. De este modo, se obliga a estos “vampiros” ver sus conductas.

Toda "empresa es una red de relaciones humanas cuya finalidad es conseguir una serie de resultados que tan sólo pueden obtenerse trabajando en equipo", apunta el coach Vicenç Olivé, codirector del Instituto Gestalt, por eso, no se debe compartir tiempos y espacios con personas problemáticas.

Un buen departamento de Relaciones Humanas debe estar atento a este tipo de situaciones, a fin de ayudar a que todos convivan con todos, logrando que el trabajo sea un lugar de placer, donde cada empleado pueda desplegar todas sus capacidades al servicio de la empresa; manteniendo vínculos basados en ciertas reglas aceptadas por todos, fundamentalmente en el reconocimiento y respeto de la personalidad humana. A esto último, un vampiro psíquico hace caso omiso.

Fuente: san-pablo.com.ar

1 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Y qué hacer cuando nos encontramos con que la persona tóxica es el dueño de la empresa?.
¿Qué actitud tomar ante los ataques indiscriminados sin motivo ni razón que los justifiquen?.
La respuesta está en cambiar de trabajo, pero entre tanto ¿cuál debe ser nuestra postura para no hundirnos psíquica ni moralmente?.